Esta tarde corría por los bosques que rodean la villa de Isny junto a Wolfgang, mi "sparring" en Alemania, cuando en un recodo del sendero nos topamos de narices con un hombre que paseaba junto a dos llamas. Suena extraño, pero aquel individuo en lugar de pasear a un chucho llevaba junto a él a dos de esos lanudos animales andinos famosos por sus escupitajos. ¿Habríamos cruzado sin darnos cuenta una puerta a la cuarta dimensión que nos había transportado desde los Alpes de Baden-Württemberg a las proximidades del Machu Pichu?. Al vernos, una de las bestias se nos quedó mirando fijamente y echó a correr hacia donde estábamos. Frenamos en seco y nos quedamos petrificados viendo como la llama se nos echaba encima. Cuando ya estaba a menos de un metro, el animal - qué enorme era el jodido - se paró bruscamente, nos observó con detenimiento durante unos segundos que se hicieron eternos y tal y como había venido, se dio la vuelta y volvió corriendo hasta donde estaba su dueño. Al menos no nos obsequió con un gargajo, como suelen tener por costumbre estos animales, pero nos costó que nuestras rodillas volviesen a ponerse en marcha después de este episodio propio de Encuentros en la Tercera Fase. Y pensar que hay gente a la que correr le parece un deporte aburrido. A este paso tendremos que crear en nuestra web una sección dedicada a los fenómenos paranormales que nos sucedan en el ejercicio del "running"...miércoles, junio 15, 2005
Fenómenos paranormales en el Allgäu
Esta tarde corría por los bosques que rodean la villa de Isny junto a Wolfgang, mi "sparring" en Alemania, cuando en un recodo del sendero nos topamos de narices con un hombre que paseaba junto a dos llamas. Suena extraño, pero aquel individuo en lugar de pasear a un chucho llevaba junto a él a dos de esos lanudos animales andinos famosos por sus escupitajos. ¿Habríamos cruzado sin darnos cuenta una puerta a la cuarta dimensión que nos había transportado desde los Alpes de Baden-Württemberg a las proximidades del Machu Pichu?. Al vernos, una de las bestias se nos quedó mirando fijamente y echó a correr hacia donde estábamos. Frenamos en seco y nos quedamos petrificados viendo como la llama se nos echaba encima. Cuando ya estaba a menos de un metro, el animal - qué enorme era el jodido - se paró bruscamente, nos observó con detenimiento durante unos segundos que se hicieron eternos y tal y como había venido, se dio la vuelta y volvió corriendo hasta donde estaba su dueño. Al menos no nos obsequió con un gargajo, como suelen tener por costumbre estos animales, pero nos costó que nuestras rodillas volviesen a ponerse en marcha después de este episodio propio de Encuentros en la Tercera Fase. Y pensar que hay gente a la que correr le parece un deporte aburrido. A este paso tendremos que crear en nuestra web una sección dedicada a los fenómenos paranormales que nos sucedan en el ejercicio del "running"...
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